Un tiempo en el que los niños nacían en hermosas macetas de barro rojo.
Cinco mujeres detenidas en la lluvia.
Y vos, la visita más esperada para que todo comience de nuevo. Si tal cosa es posible.

Posparto

Una de las grandes paradojas de la creación aparece en el momento de mostrar nuestro trabajo. Por breve o largo que sea el proceso, toda obra artística precisa de un otro, de muchos otros, más o menos ajenos, para convertirse en algo esencialmente vivo, para continuarse, crecer, desarrollarse. El infierno debe estar atestado de libros que nunca vieron la luz, cuadros abandonados a su suerte, canciones que nadie cantó y un largo etcétera de cosas que no fueron. El teatro es un arte que nace albergado en la naturaleza del grupo. Sólo cuando una serie de personas se compromete con un texto, un director, sus compañeros y una búsqueda, se logra la extraña conjunción de estrellas que guiará al barco hacia el estreno. Muchos son los proyectos que naufragan porque no sólo de entusiasmo vive el hombre, mucho menos el arte. Pero si se sobrevive a temporales y tormentas durante los meses suficientes... se llega al día E.

Nosotras tuvimos el nuestro. Nos acompañó la lluvia omnipresente y ese puñado de incondicionales que todo proyecto necesita. Una vez más, gracias a todos.

Algo en mi formación y en mi modo de abordar el teatro como si de un campo minado de preguntas sin respuestas se tratara, hace que el momento de mostrar, abrir puertas, recibir al otro, resulte particularmente incómodo. Por supuesto que siempre se les espera, no obstante, en ocasiones pareciera que el camino recorrido no alcanza a explicarse del todo. Es lo más parecido a volver de un gran viaje y no tener más que unas patéticas fotos para hablar de la grandeza de los paisajes conocidos.

Nada en el arte es sencillo y está bien que así sea. Poner punto y final, punto y seguido, puntos suspensivos... Siempre es cuestión de uno. Lo más interesante del encuentro con los otros es lo mucho que podemos aprender sobre nosotros. Está claro que uno elige a sus jueces y a sus críticos. No todo gustará, no todo nos convence, pero hay que ser humildes. Muy humildes. Porque algo de toda esa confusión, de ese discurso a veces afilado, acaso tímido, con suerte generoso, inteligente, es todo lo que hay, lo que nos queda, lo que habrá de mostrarnos el camino para seguir andando un poco más.

El aplauso está bien pero es sólo ceniza. Con todo lo demás, haremos mundos.



M . Trigo.
Foto: G. Samà